En la era de la revolución digital, las personas siguen siendo lo más importante

Todos podemos coincidir en que, aunque ya nos encontramos completamente inmersos en la Cuarta Revolución Industrial, el fervor inicial en torno a sus tecnologías sigue todavía en pleno auge. No pasa un día sin que se mencione la Cuarta Revolución Industrial en una noticia acerca de la forma en que las tecnologías avanzadas cambian nuestras formas de trabajar y de vivir.

Pero en toda revolución industrial llega un punto, como el momento que vivimos hoy, en el que nos damos cuenta de que no importa cuántos avances tecnológicos se presenten y cuánto potencial tengan, ya que son las personas y sus motivaciones las que determinan qué tan bien se implementan las estrategias comerciales. La tecnología ha logrado una gran productividad y eficiencia, y lo seguirá haciendo, de formas que los seres humanos no pueden lograr, pero nunca reemplazará el rol que juegan los intereses de las personas.

La segunda revolución industrial, que se centró en la producción en masa, es un gran ejemplo de esto. Durante ese período, los avances tecnológicos permitieron que las máquinas pudieran descomponer los procesos de producción en tareas simples, con operarios que trabajaban en una línea de montaje realizando un número reducido de pasos individuales dentro de un proceso mayor. Al comienzo, esto se consideró una maravilla en términos de estrategia comercial y productividad potencial, pero pronto se hizo evidente que los trabajadores no se sentían a gusto realizando un trabajo de montaje repetitivo y riguroso. Se produjo un altísimo grado de rotación y ausentismo de los trabajadores. Con el tiempo, los campeones de la producción en masa, como Henry Ford, tuvieron que desarrollar estrategias para mejorar la moral y la motivación del trabajador, entre ellas, la participación en las ganancias, el acceso de los trabajadores a la educación y a la vivienda.

 

De la misma manera, en la tercera revolución industrial, a principios de la década de 1990, las tecnologías de la información y las telecomunicaciones impulsaron la idea de una “reingeniería de los procesos empresariales” (RPE). Su objetivo principal era utilizar los avances tecnológicos para redefinir de manera radical la forma de trabajar, lo que incluía la necesidad de eliminar reglas implícitas, derribar compartimentos estancos y erradicar procesos que generaban costos innecesarios y excesivos. Este movimiento se atribuye al experto en gestión Michael Hammer, cuyas ideas tuvieron una ferviente aceptación.

Pero pocos años después, la RPE se convirtió en sinónimo de reducción drástica. Muchas estrategias de la RPE no lograron los resultados esperados, debido a que ejecutivos y trabajadores veían a la tecnología solo como una forma de reducir la fuerza laboral (es decir, como un conjunto de iniciativas tendiente a la reducción de los costos, en contraste con las iniciativas orientadas al crecimiento de los ingresos). Impulsar la tecnología se convirtió en el objetivo por excelencia, y las empresas ignoraron el componente humano necesario para volver a pensar los procesos de manera efectiva y desarrollar nuevos enfoques. Hammer, al advertir que sus ideas se estaban desvirtuando, intentó recordarles a los expertos en administración de empresas que todo proyecto tecnológico es, en esencia, un proyecto pensado para las personas.

Mientras nos preparamos para el encuentro en Davos, las empresas ya están utilizando las tecnologías exponenciales de la actualidad para promover el logro de ventajas competitivas, y uno de los resultados que más ansían es la creación de nuevos mercados. La aplicación de nuevas tecnologías solo puede darle a una empresa una mayor ventaja competitiva durante un largo plazo. No obstante, las barreras de acceso se pueden derribar rápidamente. Una vez más, son las personas, y no la tecnología, quienes funcionan como agentes clave para ayudar a identificar nuevos mercados y ofrecer a las empresas una ventaja competitiva sostenible.

Es innegable que las deslumbrantes innovaciones y herramientas tecnológicas actuales ya están generando un impacto, y en esta revolución industrial en particular, las tecnologías resultan más deslumbrantes que nunca. Pero las empresas verdaderamente exitosas que surjan de la revolución industrial que vivimos hoy serán aquellas que reconozcan que las nuevas tecnologías les permiten pensar a las personas más allá de lo que tienen frente a sus ojos. Ya sea la línea de montaje o la inteligencia artificial, siempre se trata de las personas. Ninguna tecnología puede reemplazar la necesidad de los líderes empresariales de escuchar y recurrir a sus trabajadores cuando determinan el éxito logrado por sus organizaciones.

Fuente: WeForum

Este es el Factor X que buscan los Caza talentos. ¿Lo tienes?

Para nadie es un secreto que el mercado globalizado, la tecnología y el entorno digital, la necesidad de innovar de forma constante y la incorporación de las nuevas generaciones, entre ellas los milennials, han reinventado la manera de trabajar y de relacionarse en el contexto laboral. Para dar respuesta a este nuevo entorno, las compañías buscan en sus directivos nuevas competencias que les permitan gestionar de forma más ágil y liderar equipos o proyectos de forma transversal y allí es donde surge la figura del headhunter o caza talentos, el cual ayuda a las empresas a encontrar estos nuevos directivos y los acompaña en sus procesos de incorporación.
Los headhunter, o caza talentos, se encuentran en constante búsqueda de perfiles ejecutivos para reclutarlos a las grandes empresas. Son los encargados de presentar oportunidades extraordinarias para los altos cargos gerenciales. Muchos profesionales intentan ser “descubiertos” por estos expertos en reclutamiento con la convicción de que los llevarán a ser parte de las mejores empresas.
Para los headhunters quienes ocupan un cargo ejecutivo deben ser trasgresores y audaces. Aquí te diremos las cinco cualidades que buscan y qué puedes hacer para poder conseguir el trabajo de tus sueños.

  • Mentalidad abierta y capacidad de innovación: en la actualidad los cambios se suceden a una gran velocidad en todos los ámbitos. Por eso, los candidatos mejor valorados serán aquellos que cuenten con una mentalidad abierta y adaptable a las diferentes casuísticas y escenarios. Además, deben ser profesionales capaces de desarrollar la creatividad para encontrar soluciones de forma rápida y para cubrir necesidades de una manera ingeniosa con lo que tienen a su alcance.
  • Inteligencia emocional y actitud colaborativa: Un mercado laboral en constante transformación también requiere candidatos con una gran inteligencia emocional que, además, cuenten entre sus habilidades con la de sumar. Los perfiles estrella solitarios son cada vez menos frecuentes y la capacidad de trabajo en equipo se valora por encima de todo.
  • Capacidad de síntesis y buena comunicación: Otra de las características que protagoniza la esfera laboral actual es la cantidad de información que se genera. Por eso, un buen profesional debe ser capaz de sintetizar y unificar criterios para ordenar, distribuir y repartir la información que se recibe. Expresarse bien, tanto a nivel oral como escrito es una de las capacidades básicas que demanda el mercado.
  • Liderazgo de equipos y toma de decisiones: Liderar equipos es una tarea compleja puesto que requiere la activación de muchas otras habilidades a nivel relacional y empático. Sin embargo,
    no por ello es menos importante a ojos de un ‘headhunter’. La seguridad en sí mismo y la capacidad de decisión ayuda a la gestión de los equipos.
  • Adaptación a la transformación digital: La digitalización impregna todos los procesos actuales ya que el fácil acceso a la tecnología ha cambiado al consumidor y ha comportado que las compañías deban actualizar sus procesos para dar respuesta a las necesidades de un cliente siempre conectado. En este contexto, directivos y profesionales deben ser capaces de liderar este cambio. Los nativos digitales tienen una gran ventaja en este sentido, pero nada impide que el resto de generaciones puedan ponerse al día.
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