Para emprender necesitamos incubar y acelerar nuestra idea

A veces lo más sencillo en el camino del emprendedurismo es dar con una buena idea de negocio. Sin embargo, hacer que esa idea germine para convertirse en una empresa operativa y verdaderamente rentable puede ser una labor difícil.

Emprender implica enfrentarse a retos tales como la elaboración de un plan de negocios efectivo, la dificultad para acceder a capitales e inversionistas, la necesidad de asesoría administrativa, legal y mercadológica y, en fin: un sinnúmero de cuestiones que quizás no imaginamos al momento de lanzarnos a perseguir una idea de negocio.

Por suerte, en estos tiempos se favorece la cultura de las startups y por ello las empresas jóvenes pueden encontrar numerosas formas de catapultar sus proyectos. Algunas de estas plataformas de apoyo son las incubadoras y las aceleradoras de empresas.

Las incubadoras y las aceleradoras comparten algunas características: ambas proporcionan mentoría, retroalimentación, exposición a capitales y a veces incluso un espacio físico para que nacientes proyectos empresariales puedan crecer y desarrollarse. Sin embargo, no son lo mismo.

Las incubadoras

Para entender el concepto de una incubadora, conviene pensar en qué otros contextos se utiliza la palabra incubar. Según el diccionario de la RAE, las aves incuban sus huevos para que nazcan sus crías.

De igual manera, una incubadora trabaja con empresas o proyectos que todavía no nacen o que se encuentran en fases tempranas del desarrollo. Les ayuda a dar forma a su proyecto, esbozar un plan de negocios, arrancar operaciones, hacer networking con empresarios del ramo y posibles inversionistas y les ofrece coaching y consultoría en las áreas financiera, legal, contable, etc.

Un programa de incubación puede durar entre dos y cuatro años y se divide en tres fases: preincubación, incubación y postincubación. Esta última fase puede prolongarse como asesoría continua durante un tiempo indefinido.

Generalmente los programas de incubación no proporcionan capital de manera directa y son impulsados por instituciones tales como el gobierno y las universidades (las incubadoras del Tecnológico de Monterrey y de la Pontificia Universidad Católica de Chile son ejemplos de estas últimas).

Las aceleradoras

Las aceleradoras, en cambio, trabajan con startups que ya se encuentran operativas y que, como la palabra acelerar indica, desean aumentar la velocidad de sus planes de crecimiento.

Se trata de programas intensivos (a veces de entre tres y seis meses de duración) en los que varias startups conforman una cohorte o generación y, a cambio de un porcentaje de sus acciones o sus ganancias, se hacen beneficiarias de capital, capacitación intensiva y un programa de mentoría que les permiten alcanzar sus objetivos de crecimiento.

Al finalizar el programa, las startups “se gradúan” en un Demo Day o pitch público al que pueden asistir Business Angels e inversionistas de riesgo interesados en el sector.

Como los programas de aceleración solamente se ofrecen a los proyectos que resultan seleccionados en convocatorias muy competitivas, las aceleradoras proporcionan además un prestigio y un networking invaluables.

Algunas aceleradoras de empresas que operan en América Latina son Tech Stars, 500 Startups México y Wayra.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s